lunes, 21 de septiembre de 2009

La Princesa y el Mendigo

Hace 1 semana, me desperté con una sensacion que hacia meses no sentía: Tranquilidad, me valia (y aun me vale) una persona en especial, mientras me bañaba tuve un "momento de epifanía" y me acorde de este cuento, alguna vez, su enseñanza fue muy útil y ahora vuelve a tener la misma valides, no es la versión que hace años escuche en "La Perola" pero creo que la idea se entiende:

Cuentan que una bella princesa estaba buscando consorte. Aristócratas y adinerados señores habían llegado de todas partes para ofrecer sus maravillosos regalos. Joyas, tierras, ejércitos y tronos conformaban los obsequios para conquistar a tan especial criatura.

Entre los candidatos se encontraba un joven plebeyo, que no tenía mas riqueza que amor y perseverancia. Cuando le llego el momento de hablar, dijo: "Princesa, te he amado toda mi vida. Como soy un hombre pobre y no tengo tesoros para darte, te ofrezco mi sacrificio como prueba de amor. Estaré cien días sentado bajo tu ventana, sin mas alimentos que la lluvia y sin mas ropas que las que llevo puestas. Esa es mi dote..."

La princesa, conmovida por semejante gesto de amor, decidió aceptar: "Tendrás tu oportunidad: Si pasas la prueba, nos casaremos

Así pasaron las horas y los días. El pretendiente estuvo sentado, soportando los vientos, la nieve y las noches heladas. Sin pestañear, con la vista fija en el balcón de su amada, el valiente vasallo siguió firme en su empeño, sin desfallecer un momento.

De vez en cuando la cortina de la ventana real dejaba traslucir la esbelta figura de la princesa, la cual, con un noble gesto y una sonrisa, aprobaba la faena.

Todo iba a las mil maravillas. Incluso algunos optimistas habían comenzado a planear los festejos. Al llegar el día noventa y nueve, los pobladores de zona habían salido a animar al próximo monarca. Todo era alegría y jolgorio, hasta que de pronto, cuando faltaba una hora para cumplirse el plazo, ante la mirada atónita de los asistentes y la perplejidad de la joven princesa, se levanto y sin dar explicación alguna, se alejó lentamente del lugar.

Unas semanas después, mientras deambulaba por un solitario camino, un niño lo alcanzó y le preguntó: "¿Qué fue lo que te ocurrió? ...Estabas a un paso de lograr la meta... ¿Por qué perdiste esa oportunidad?...¿Por qué te retiraste?..."

Con profunda consternación y algunas lágrimas mal disimuladas, contestó en voz baja: "Si ella no me ahorró un día de sufrimiento... Ni siquiera una hora, es porque no merecía mi amor".


En la versión de la perola, el pretendiente era un mendigo, espero por un año y al final es la princesa la que le pregunta ¿qué paso? la respuesta del mendigo es "Princesa, Una mujer que pide tanto, no se merece a un Hombre que esta dispuesto a Darlo todo por amor, como yo"

Se busca un Ser Humano de Verdad alguien de estos tiempos, a mi ya me aburrieron los cuentos de Hadas

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